Vino Fantasma 4

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Vino Fantasma - Capítulo 4

Clip: Radio futura, En alas de la mentira. Botón derecho, Abrir enlace en una pestaña nueva.

http://www.youtube.com/watch?v=XGVPLndYAdE 

Vino: Tinto Fino de Ribera del Duero, Crianza, de cierta calidad.

 

4

Era necesaria una visita a Bodegas Camilo Romero. Estaba en Pedrosa de Duero, al lado de Roa, pero debía llamar primero para no presentarme como si exigiera colaboración, ya que no era lógico presuponer que formasen parte del caso: se podía tratar de una compra más para ellos.

 

Me atendió una señora muy amable que me citó para el día siguiente. Cuando le expliqué el motivo de mi visita se enorgulleció de que alguien pensara que uno de sus vinos pudiera suplantar al tótem del vino moderno en la Ribera del Duero, al primer vino de garaje de España, al más caro entre los caros después de Vega Sicilia. La muy cotilla lo propagaría por todo el vecindario en media hora, puerta a puerta: hasta lo aprovecharía para explicarlo a distribuidores y comerciales para vender más; como si lo viera.

Vuelta a la misma carretera al día siguiente, con otra caja del vino en cuestión. Camilo Romero me esperaba en su despacho. Como siempre, la vista hacia la tinta fina más vieja que tenía, plantada en vaso y bastante junta, imposible trabajar con tractor. Se trataba, según me había informado antes de ir hacia allí, de un hombre que vendía la uva a Vega Sicilia y que un buen día decidió hacer su propio vino. De mediana estatura, contaría algo menos de sesenta años: sus ojos verdes y el bigote negro y breve, su cabeza casi completamente calva, hacían de él una figura algo chocante. Era evidente que había sido un hombre de campo que supo cómo sacar la mejor uva de su viña: las manos fuertes, la complexión robusta, una sonrisa franca al recibirme. Dejé la caja de Pencus falso en el suelo mientras me saludaba:

  • Buenos días, inspector Moral.
  • Buenos días, Sr. Romero.
  • Lamento que nos conozcamos en estas circunstancias algo desagradables, pero…
  • No se preocupe, me imagino que ya sabe que me pasa a menudo.
  • ¿Cómo?
  • Bueno, es que mi trabajo no suele traer buenas noticias a la gente con la que me entrevisto. Su caso es distinto, porque sólo vengo a consultarle, claro.
  • Claro, claro. Usted dirá en qué le puedo ayudar.
  • Bien. Pues al desaparecer todo rastro de su marca en las botellas en cuestión necesitaríamos un registro de ventas desde bodega que superen la cantidad de 108 botellas, si es que el número de lote de cada cintillo nos dijera que la partida procede de aquí y no de un distribuidor.
  • Verá, es el vino más caro que hacemos. Partidas de ese calibre salen casi exclusivamente a distribuidores, es muy difícil que se produzca una venta así de este vino desde bodega.
  • Entonces debe ser más fácil comprobarlo.
  • No necesariamente, porque no apuntamos el número de cintillo cuando se asocia una botella a una factura, sino el número de lote que se imprime en la contraetiqueta. Pero si se hubiera dado esta venta y no fuera a un distribuidor, yo me habría enterado. No obstante lo comprobaremos, sobre todo para estar seguros y para colaborar, por supuesto. Lo que le quiero decir es que se hubiera comentado: me está hablando de una venta en bodega de casi siete mil euros.
  • Comprendo. Vea si quiere una botella, para que sepa por qué la han escogido para suplantar a otra de Pencus.

Tomé una botella de la caja y se la tendí. La cogió casi con cariño, como si hubiera sido maltratada la pobre y volviera a casa. Miró el culo para saber de qué fabricante se trataba.

  • Sí, es mía. La botella es italiana y la gastamos muy pocos. Entre ellos Pencus, por supuesto. Es una botella cara, cuesta casi tres euros.
  • ¿Usted ha probado Pencus?
  • Algunas añadas.
  • ¿2002?
  • Sí. Es un buen vino, en efecto. Aunque si le digo la verdad, creo que éste nuestro está a la par, pero sólo a 60 Euros. Claro, usted pensará que estoy presumiendo, y no es así. Creo que podremos comprobarlo, además. Si me espera un momento quizá pueda organizarlo.
  • No, de ninguna manera, no se moleste.
  • Todo lo contrario: no me molesta nada, y probablemente le aclarará muchas dudas. Deme sólo un minuto para hablar con mi secretaria, por favor.

Salió a la puerta y estuvo hablando con ella. Oí algo de botellas y copas y me imaginé lo peor; una cata. La sospecha se convirtió en realidad en cuanto volvió.

  • Si me permite, me gustaría que me acompañase a la sala de catas. He hecho preparar algo allí para que salga de dudas.
  • Señor Romero, no me entienda mal: yo no dudo de…
  • No es duda: es que vea que a menudo los vinos se parecen mucho en todo, menos en el precio.

Salimos al pasillo hasta la sala del fondo. Nos esperaban cuatro copones enormes de vidrio finísimo, en la punta de una mesa de caoba larga y brillante, desde cuyo centro arrancaban unas pantallas luminosas especiales para apreciar el color y la transparencia del vino. Me sentí cohibido de inmediato. Romero me tranquilizó.

  • Relájese, esto no es un examen.

Sobre la mesa había dos botellas iguales tapadas con papel aluminio. Me imaginé que sería un Pencus y uno de los suyos de la añada en cuestión. En la copa 1 sirvió la botella numerada con el 1, e hizo lo propio con la 2.

  • ¿Lo ha entendido bien?
  • Perfectamente, gracias.

Metió la nariz en la copa hasta un punto que me pareció imposible. Pero parecía muy natural, casi como si lo hubiera hecho siempre. Luego pasó a la otra copa haciendo lo mismo.

  • En nariz son casi exactos.

Me miraba como si esperase confirmación. Yo los olí moderadamente, como suelo hacer de la manera más modesta y humilde posible. Pero era cierto, tenían casi la misma intensidad y el mismo acento entre chocolate tostado y moras de zarza. Se lo dije y se sorprendió.

  • A ver si sabe más de lo que cree usted. Eso está muy bien.

Romero sorbió un poco de vino y lo mareó un poco por la boca. Aspiró con el líquido en la lengua antes de tragar, tomó unas notas. Luego repitió la operación con el otro vino. Era un proceso mecánico, desapasionado y profesional, de alguien muy acostumbrado a catar vinos todos los días. Luego de tomar las notas del segundo vino, dijo:

  • El 1 es el mío, el dos es Pencus. Lo sé porque hay una sola diferencia tangible. La barrica que uso yo es de segundo año en la mitad del vino, porque no me gusta que toda sea nueva, sabe demasiado a madera. En cambio a Magnus no le importa, porque piensa que su uva es excepcional, la mejor, y que ninguna barrica le puede. Si se fija, el segundo es algo más secante: eso es el tanino rugoso de esa madera nueva, que en el mío está algo más pulido. Yo embotello después de volver a mezclar todo el vino en unos depósitos de homogeneización y estabilizado durante un mes; de ahí que el vino se compense entre el que procede de barrica nueva y el que procede de barrica de segundo año.
  • Y dice usted que Schwannderbar no lo hace.
  • Es que todo el vino está en barrica de primer año. Esto de homogeneizar lo hacemos sólo unos pocos, pero es interesante si exportas mucho, como es mi caso. Así, todo el Selección Especial Camilo Romero que hay en el mercado es el mismo, sea en Japón o en Alemania. ¿Comprende?
  • Perfectamente.
  • Pero ¿lo va a catar, no?
  • No sé si…
  • Por favor, no se corte. Debe dar su opinión, pero sobre todo debe comprobar que Magnus es un gran negociante, mucho mejor que yo. Yo sólo consigo vender este vino a 60 € todo lo más, desde bodega: y Magnus pide más de 600 € por cualquier botella que salga de su garaje. Yo le admiro en eso.

Caté el vino nº 1. La verdad era un vinazo, largo y sedoso como pocos, sin ese rastro de madera excesivo que algunos Ribera te dan ya cuando los hueles. Había moras dulces, ciruelas pasas y algo así como si en la boca te pusieran el olor que una fábrica de chocolates deja en el ambiente. Excepcional.

Luego el número 2. La sensación a la entrada era un poco más elegante, pero el vino era más corto en la boca, y era más secante. Las notas principales eran exactamente las mismas: mora de zarza, ciruela pasa y ese aroma de cacao tostado. Sin embargo la nota secante molestaba al irse el vino de la boca.

  • ¿Qué tal la retro?
  • ¿Retro?
  • Disculpe, olvídelo. ¿Qué tal la boca, cómo se la han dejado?
  • El primero, perfecta; el segundo algo seca.
  • Lo que le dije yo. El primero es mío.
  • Destapemos pues.

El vino 1 era Camilo Romero, en efecto. Entre dos, conocer su vino no era mucho, pero la verdad es que estaba impresionado. Aunque no sólo por él, sino también porque estaba cogiéndole el gusto a esto del vino. Siempre me había gustado, pero ahora me llamaba más incluso que antes.

  • Verá, lo he hecho para que vea por qué han suplantado ese vino con el mío. Se parecen mucho cada año, aunque uno cueste diez veces menos que otro. Pero cualquier profesional malintencionado puede ceder a la tentación del fraude. Estudiamos personalizar la botella desde el molde, como hace Vega Sicilia, para que no ocurra esto: o por lo menos, si ocurre, si quieren falsificar mi vino, que tengan que comprarlo primero y bebérselo. No obstante, la imagen de un vino descansa muchas veces en la propia botella, y una vez está lanzada una marca no es bueno cambiar la imagen: grabar la botella cuesta un dineral, por eso creo que quien tiene que hacerlo es Magnus, que gana diez veces lo que yo en cada botella. Dicho todo esto, debo pedirle un favor: a pesar de que me halaga que el mercado no detecte la diferencia entre un vino de 600 Euros y el mío, no me conviene que mi marca se vea mezclada en escándalos de ninguna clase. Por ello le agradecería que nada de esto trascendiese a la prensa.
  • Desde luego, tiene mi palabra.
  • ¿Cuál le ha gustado más?
  • El primero.
  • ¿Había probado antes un vino de 600 Euros?
  • La verdad, no.
  • ¿A que no hay para tanto?
  • No, no hay para tanto. Creo que es mucho más una cuestión de esnobismo que otra cosa.
  • Si puedo serle sincero, no hay vino en el mundo que pueda justificar ese precio si no es por especulación. Pero empresarialmente es una gran operación, por supuesto: encontrar a quien lo pague y, en definitiva, engañarle con argumentos intangibles que en todo caso no proceden estrictamente del mérito del bodeguero; será la uva, será la tierra, será la añada, será la fermentación o la barrica que se usa, pero nunca puede costar eso tanto dinero. Ya no digamos lo que pasa con los vinos franceses, eso es directamente un robo. Se lo digo porque trabajo en esto, y sé los costes reales de una producción, digamos, perfecta desde la viña hasta la botella. Es lo que hago yo con este vino, y me da vergüenza decirle el porcentaje de beneficio que obtengo por botella. Imagínese si multiplica el precio por diez. Ahora queda saber si a usted le hubiera parecido el Pencus suficientemente bueno como para lo que le iban a cobrar en un restaurante, es decir, entre 1000 y 1200 Euros.
  • Ni hablar. Ni harto de vino pago eso.
  • ¿Y el mío?
  • Tampoco.
  • Pero no menos que el otro.
  • Si lo que quiere decir es que se parecen y que en realidad tienen la misma calidad, es cierto.
  • Eso es lo que quería decir; que puede pasar uno por otro ante cualquiera.

Al menos el que había ideado la operación sabía lo que hacía. Era una casualidad que dos vinos tan parecidos embotellasen con la misma botella, y una suerte para esa clase de personal tan poco escrupuloso.

  • Me queda hacerle una pregunta. ¿Alguien de su personal comercializa vino desde la bodega?
  • Bueno, tengo un director comercial. Se llama Simón Castaño. Un gran profesional, vende bastante y viaja mucho. No para mucho por aquí, suele pasar los pedidos por teléfono y viene cada dos semanas a poner al día las cuestiones que hayan surgido en su gestión.
  • Necesitaré sus datos y los de sus distribuidores. Pero me inclino a pensar que habiéndose localizado la partida en Valladolid, este vino sale directamente de la bodega. No se ofenda, ya sé lo que me ha dicho antes; pero puede ser que se trate de una venta del Sr. Castaño, y usted aún no esté al corriente.
  • Es la única posibilidad. Ahora mi secretaria le dará los datos que necesite. Yo, si no dispone nada más, tengo una comida con un cliente; ya sabe, estamos preparando la campaña de navidad.
  • ¿Navidad? ¿Ahora?
  • Los “loteros”, que en nuestro gremio son los que confeccionan lotes de navidad, cierran sus compras con muchos meses de antelación. Y si no se está al quite, se pierde la ocasión de vender un número importante de botellas de una sola tacada. Esos tratos de cierto volumen los suelo cerrar personalmente.

Me despedí de él agradecido. Había aprendido un montón del negocio y me iba con más de una hipótesis de la bodega, aparte de un personaje más que interrogar. Tenía la sospecha de que Simón Castaño era el busilis de todo el caso, porque esas botellas habían salido de Pedrosa para Valladolid: estaban demasiado cerca como para proceder de ninguna otra parte.



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Darrera actualització de dijous, 2 de febrer de 2012 08:32

 

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