Entrevista a Telmo Rodríguez
“La gran aventura ahora es recuperar La Rioja”
Lanciego – Logroño – Barcelona. Silvia Naranjo /Jordi Alcover
Esta no es la Rioja que se conoce fuera. La nueva bodega, un lugar “para trabajar”, está situada junto a unas viñas plantadas en piedra viva, a broca, y que suplen las faltas mediante sarmientos de la viña de al lado, acodados, hincados contra el suelo para que enraícen, hace ya una eternidad. Un patrimonio que no se puede perder, aunque los paisanos vayan dejando los viñedos por que se jubilan.
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Tú estás con el vino desde Remelluri, ¿no?
Pero para mí Remelluri comienza a los cinco años, cuando mis padres compraron la finca; un sitio increíble, en el que aún no había luz, en el que se trabajaba con mula, viniendo desde San Vicente a las cinco de la mañana para volver por la noche. Vivimos las temporadas de verano en Remelluri... Luego volví de Francia en los años 80, cuando la Rioja tocaba fondo por demasiado genérica.
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Se preparaba un cambio...
Bueno, yo venía de lugares y personas mucho más sencillas, reales, consecuentes y que formaban parte de un entorno en el que el vino y la manera de hacerlo eran imprescindibles, como parte de una cultura y de una herencia. Y de repente me encuentro metido en reuniones en las que los gerentes, algunos de los cuales incluso hacían el vino, hablaban de cómo se podía pagar un coche a través de la empresa. Está claro que no encajaba, que no era feliz.
¿Cuánto estuviste en Remelluri?
Yo estuve allí desde el 89 hasta el 96. En el 94 comencé con Compañía de Vinos Telmo Rodríguez. Pero yo estuve viviendo en el campo, en Remelluri, 10 años; lo dejé porque me motivaba más mi proyecto.
¿De Remelluri al vacío?
Pues empecé con 500.000 pesetas, para las que mi padre me avaló. Con ese dinero Pablo Eguzkiza y yo queríamos hacer un gran proyecto, y eso es muy difícil. Me preguntan si soy enólogo o empresario y digo que las dos cosas, porque si quieres llevar a cabo tus ideas tienes que convertirte primero en empresario, y después en viticultor. Al principio hicimos vinos democráticos, aunque ligados a la viña de la que salen, como Basa, para poder financiar algunos proyectos.
En Rioja estamos aprendiendo ahora a envejecer el vino
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¿Eso es compatible con la necesidad de aumentar el consumo?
Es que no va a aumentar el consumo; porque el vino en España ha pasado de ser un producto de consumo genérico a ser un producto sofisticado. En el Norte ya no se beben 18 txikitos cuando se sale, sino cuatro copas buenas. Esa disminución del consumo se contrarresta con la exportación a países emergentes.
¿Es suficiente con esta exportación para contener la sobreproducción?
No sin las destilaciones. Tarde o temprano se regulará el mercado solo, no hay otra; y quedarán los que sepan hacer y vender el vino. Lo que salga al mercado tendrá que merecer haber sido hecho, y que se haya trabajado para conservarlo o recuperarlo. Ahora todo lo que hacemos nosotros está muy basado en la búsqueda de un sitio único, y de su gusto. Al final todos los vinos tendrán que ser originales y aportar su identidad; y no convertirse en otro genérico.
¿Así que los vinos tienen que ser honestos?
Siempre; desde el grand cru de Borgoña hasta el vino de pueblo de Segovia. Igual que las personas. Lo principal es ser fiel a tu origen.
¿Un vino honesto puede ser un vino popular?
Hay que entender que un vino fiel a su origen y bien hecho no tiene por qué ser caro. A mí cada vez me atraen más los vinos sencillos, reflejo de donde nacen, que a menudo se alejan del molde de los vinos de éxito comercial. Obtener éxito masivo implica quitarle personalidad al vino, ampliando al máximo el objetivo de mercado. En Asia, el desparrame de las grandes marcas en publicidad y estructuras comerciales es espectacular: saben de la avidez del consumidor por productos muy reproducibles que tienen marca, prescindiendo de su calidad, historia o artesanía.
Al final, para el producto caro ¿sólo hay que tener cartera?
A mí también me gustan los vinos caros. Pero el problema no es el precio; botellas como La Tâche o Yquem hay que pagarlas, y los que nos gusta el vino las disfrutamos. Quizás el único problema que tenemos los que nos gusta el vino es que competimos con gente de mucho poder adquisitivo que también puja por esas botellas.
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¿Por qué es tan difícil encontrar ese tipo de vino en España? En España desde el siglo XIX se toma una vía totalmente industrial del vino. Hay un libro muy interesante que se llama “La Bodega del Mundo” que explica que España pretendió convertirse en eso, en la bodega del mundo por ser el mayor viñedo, y por estar en el momento en que Europa era arrasada por la filoxera. Entonces España produce millones de litros, su vocación es el volumen, exportar...e incluso esta estructura se reproduce después de la filoxera. La única “isla” que encontramos en España es Vega Sicilia, que permanece a pesar de que el viñedo en Ribera del Duero va desapareciendo a medida que avanza el siglo XX. |
¿Esta vocación de gran producción aún existe en las grandes empresas de Rioja y de otras zonas?
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Nuestros vinos no son vinos de enólogo, sino de viña
Pero necesitáis realmente otra generación
Es verdad que es un plazo largo el que tenemos. A mí me preguntan qué hago plantando a mi edad, con 45 años ya seré un abuelo cuando den buen vino esas viñas. Yo cuando trabajaba en Remelluri iba comprando viñedo viejo, y a menudo iba a verlos con mi padre. En el 97 o 98 un viticultor se jubilaba y vendía su viña en Labastida porque ya no podía trabajar con su mulo, y sabía que el único zumbao que podía comprar esa viña era yo. Después de ver la viña, mi padre le dijo que quedaba muy alejada y que no le interesaba; y yo le dije “Ah! Pues te la compro yo”. Mi padre dijo “qué vas a comprar tú, si no tienes un duro”... Yo no dije nada, al día siguiente fui a verle y le dije “mira, no tengo nada pero te prometo que te la pago en dos años”. Esta viña es el centro de nuestro proyecto en Rioja, 2,7 hectáreas de las 20 que tenemos ahora, que producirán el vino más sofisticado que haremos aquí. Nos ha enseñado que la gran aventura ahora es recuperar la Rioja. Nuestros vinos no son vinos de enólogo, sino de viña; nuestro trabajo es saber cuándo una viña es buena, no cómo hacer la mezcla.
¿Es muy difícil trabajar en biodinámica?
Ni tan difícil ni tan excéntrico como parece. Preparar un 500 (el famoso cuerno) o un caldo bordelés es sencillo, y la práctica al final se reduce un poco a eso y a no usar abonos ni herbicidas ni pesticidas químicos. Muchas de nuestras viñas llevaban décadas con estas prácticas, más o menos.
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¿Volvemos al Rioja genérico con las variedades blancas recién admitidas?
Pues la Rioja nunca ha sido país de blancos. Pero antes de decidir si blanco o tinto, hay que acabar con el absurdo de una sola Rioja para 55.000 hectáreas. Aquí entra en juego el mismo concepto de DO; ¿qué tiene que ver el vino de Lanciego con el de Briones? Nada ¿Y por qué tienen la misma DO? Pero aquí nunca se ha hecho vino de pueblo y por tanto no se sabe cuáles son los mejores pueblos de La Rioja. La aberración mayor que he oído es que el mejor Rioja es la mezcla de Rioja alavesa, alta y un poco de baja.
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La Compañía de vinos Telmo Rodríguez:
Rioja; Altos de Lanzaga, Lanzaga y LZ.
Ribera del Duero; Matallana, M2 y Gazur.
Valdeorras; Gaba do Xil, a la espera de recuperar el viñedo de Godello y Mencía.
Rueda: Basa.
Málaga: Molino real, una recuperación del tradicional “mountain wine”.
Alicante: Al Muvedre, de Monastrell.
Toro: Gago y Pago de la Jara.
Cebreros, Ávila: Pegaso, un garnacho de cepas viejas único.
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Darrera actualització de divendres, 15 d'octubre de 2010 19:18








